lunes, 19 de junio de 2017

Libertad de pensamiento

“te lo dije”, “yo te avisé”. Estas expresiones cotidianas, de advertencias a hechos sucedidos en el pasado, y que suelen surgir cuando por alguna razón finiquita o sucede el imponderable que uno no veía (o no quería ver). La cuantía de razones por la que sucede esto son muchas. Las veces que nos pasa, también.
No es que este a favor de frases armadas y trilladas, pero la sentencia “el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” tiene toda la razón del mundo.
En circunstancias de esta índole, uno suele ser advertido por un tercero, ya sea amigo, familiar o conocido, alguien del entorno, que se ve venir el problema, y trata de manera precavida, darnos un “tirón de orejas”, o tal vez darnos un pantallazo de realidad que se nos dificulta ver. Nuestra respuesta, casi siempre en estos casos, suele ser con un dejo de prepotencia y arrogancia. Uno cree (inocentemente) que no le va a suceder aquel indicio de epifanía, aconsejada por alguien, como si este se tratare de una especie de pitonisa que nos puede afirmar hechos de nuestro futuro. Siempre uno se va a ver por afuera de todo eso malo que le dicen. Es común el creer, que uno es el que esta como observando toda la situación desde un balcón, mirando todo lo que sucede sin abarajar si quiera la veracidad de otro punto de vista.
Situaciones como estas, donde uno se encuentra obnubilado, es donde más importancia se le tiene que dar a lo que a uno le dicen, y sobre todo, porque suele ser gente del entorno. Ese entorno que uno elijo ser parte y estar rodeado de ello. Hay que dejar de lado el egoísmo de pensamiento para no ser pedante en actitud.
Generalmente en este tipo de coyuntura, uno está sumergido en un océano de raciocinio, se esta tan sumergido que es difícil el reflexionar con la claridad pertinente. Es como si ese motivo, cosa, persona que nos pone en una situación de obnibulencia de hechos, fuera el carcelero de nuestra cabeza. No se nos permite tener la más hermosa y autentica de las libertades, que es la libertad del pensamiento. Todas esas veces que uno quiere concentrarse y enfocarse en otras cuestiones, se ve encerrado en su cafúa de la razón, que lo vuelve a sumergir en ese mar tormentoso de obnibulencia.
Lo ideal sería poder obtener, aceptando sugerencias y bajándose del “autopedestal” donde uno se cree que esta, la llave para abrir esa cárcel del pensamiento. El poder pensar con libertad y no sentirse ofuscado y angustiado sin sentido.
Se tiene que tratar de ser lo más coherente posible. Está claro, que son más los casos donde un llegara a chocarse con la realidad, que muchas veces se le fue advertida y no se quiso ver. Esa realidad seguramente nos parecerá durísima. Hay veces que tarda mucho tiempo en llegar, y en esos casos, el choque es aún más fuerte y duradero.
Todas estas cuestiones, suelen ser inevitables. Nadie nace con un manual de cómo afrontar las situaciones que se van presentando. Es por eso, que, con más razón, uno tiene que poder apoyarse en sus entornos.
De todos modos, siempre es bueno el ahogarse un poco de vez en cuando. Todo golpe que se dé uno en el camino de la vida, sirve de aprendizaje y nos deja una enseñanza. Para la próxima vez, que nos vayamos a meter en un océano de obnibulencia, vamos a saber de anticipo, que necesitamos tener a mano el traje de buceo.

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