La
suerte es definida por la Real Academia Española con varias acepciones.
Eligiendo la que a mi juzgar subjetivo y oportuno para el desarrollo de este
escrito, podría decir que la suerte es “El encadenamiento de los sucesos, considerado
como fortuito o casual, circunstancia de ser, por mera fortuna, favorable o
adverso a alguien o algo lo que ocurre o sucede”. La inclusión de esta palabra
y el lugar que se le da en la vida cotidiana a todas estas cuestiones azarosas
hace parecer que aquellos que no crean en la suerte son personas escépticas que
no coinciden en cuestiones de creencia del inconsciente colectivo.
Yo creo que la suerte siempre juega un rol en la vida de todos los sujetos, lo
que sí, el porcentaje que realmente ocupa en todas las acciones que vamos a
realizar suele ser muy bajo. Tal vez podríamos reflejarlos con un 10%. Especialmente
para cuestiones donde uno, por más preparado, confiado y seguro que este, se le
presenten imponderantes no previstos, donde la preparación previa no sirve de
mucho. Se recurre a la improvisación y el acomodo en aquellas cuestiones de
sucesos librados al azar. La suerte existe, pero no por eso uno va a dejar todo
al azar y sentarse a esperar que por cuestiones de pura fortuna se nos den todas
las cosas que uno tiene imaginado para su vida.
En el abanico de personas, desde el mas incrédulo hasta el más cabulero,
afrontaran a lo largo de su vida eventualidades de todo tipo, donde según sea
su manera de afrontar la vida, el porcentaje que destinaran a la “creencia” de
una suerte latente será menor o mayor. Sin embargo, como todo en nuestro
proceder, no es aconsejable moverse únicamente en extremos. Hay que buscar el
punto medio. Aquel que nos acerque lo más posible a la prudencia, factor fundamental
para todos los acontecimientos que tenemos por delante. El ser prudente no nos sentenciará
el tener suerte o no, tampoco nos dará una especie de habilidad para resolver
cuestiones azarosas a nuestro propio gusto. Pero nos dará una gran herramienta
para manejarnos mejor en la realidad.
La suerte existe. Hay gente que tiene MUCHA, como hay gente que no la tiene
para nada. El no tener suerte no quiere decir que se tenga “mala suerte”, como
el tener suerte seguido, no representa que se tiene “buena suerte”. Estamos muy
acostumbrados para todas las palabras y asuntos cotidianos darles una
connotación positiva o negativa. De alguna manera estigmatizando todo a través
de si es bueno o malo, positivo o negativo, como si no existiera concepción
alguna de otro termino medio. De esta manera podría decirse que la denominación
perfecta para alguien que no suele encontrarse muy seguido con hechos de azar a
su favor, sería que tiene “ausencia de suerte”. Pero está claro que el
expresarse con un término como el de “pero que ausencia de suerte que tengo” no
será justamente el elegido para aquella persona en cuestión. La manera correcta
para no sentenciar de manera infame a alguien según su “buena o mala” suerte
(evitando así el condenar a alguien con el adjetivo calificativo de “mufa”,
“piedra”, etc) sería el utilizar palabras que hablen de cantidad (como lo son
“mucho o poco”) sin dar un número preciso.
Nadie puede manejar la suerte, sino todo el mundo ganaría la lotería, así como
dejarían de existir los casinos y todas esas entidades donde se ponen
permanente en juego hechos del azar. Nada nos asegurara tener más o menos
suerte, en especial en controversias con respecto a la superstición. El que se
cruce un gato negro por al frente nuestro, o el hecho de cruzar caminando por
debajo de una escalera, no nos dictamina que tanta suerte o no, vamos a tener
en nuestra cotidianeidad. Habría que “apostar” a ser más prudente y despojarse
de aquellos imponderantes que, al fin y al cabo, no vamos a poder manejar.
Total, la suerte es algo que va y viene.
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