“te
lo dije”, “yo te avisé”. Estas expresiones cotidianas, de advertencias a hechos
sucedidos en el pasado, y que suelen surgir cuando por alguna razón finiquita o
sucede el imponderable que uno no veía (o no quería ver). La cuantía de razones
por la que sucede esto son muchas. Las veces que nos pasa, también.
No es que este a favor de frases armadas y trilladas, pero la sentencia “el
hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra” tiene
toda la razón del mundo.
En circunstancias de esta índole, uno suele ser advertido por un tercero, ya
sea amigo, familiar o conocido, alguien del entorno, que se ve venir el
problema, y trata de manera precavida, darnos un “tirón de orejas”, o tal vez darnos
un pantallazo de realidad que se nos dificulta ver. Nuestra respuesta, casi
siempre en estos casos, suele ser con un dejo de prepotencia y arrogancia. Uno
cree (inocentemente) que no le va a suceder aquel indicio de epifanía,
aconsejada por alguien, como si este se tratare de una especie de pitonisa que
nos puede afirmar hechos de nuestro futuro. Siempre uno se va a ver por afuera
de todo eso malo que le dicen. Es común el creer, que uno es el que esta como
observando toda la situación desde un balcón, mirando todo lo que sucede sin
abarajar si quiera la veracidad de otro punto de vista.
Situaciones como estas, donde uno se encuentra obnubilado, es donde más
importancia se le tiene que dar a lo que a uno le dicen, y sobre todo, porque
suele ser gente del entorno. Ese entorno que uno elijo ser parte y estar
rodeado de ello. Hay que dejar de lado el egoísmo de pensamiento para no ser
pedante en actitud.
Generalmente en este tipo de coyuntura, uno está sumergido en un océano de
raciocinio, se esta tan sumergido que es difícil el reflexionar con la claridad
pertinente. Es como si ese motivo, cosa, persona que nos pone en una situación
de obnibulencia de hechos, fuera el carcelero de nuestra cabeza. No se nos
permite tener la más hermosa y autentica de las libertades, que es la libertad
del pensamiento. Todas esas veces que uno quiere concentrarse y enfocarse en
otras cuestiones, se ve encerrado en su cafúa de la razón, que lo vuelve a sumergir
en ese mar tormentoso de obnibulencia.
Lo ideal sería poder obtener, aceptando sugerencias y bajándose del
“autopedestal” donde uno se cree que esta, la llave para abrir esa cárcel del
pensamiento. El poder pensar con libertad y no sentirse ofuscado y angustiado
sin sentido.
Se tiene que tratar de ser lo más coherente posible. Está claro, que son más
los casos donde un llegara a chocarse con la realidad, que muchas veces se le
fue advertida y no se quiso ver. Esa realidad seguramente nos parecerá
durísima. Hay veces que tarda mucho tiempo en llegar, y en esos casos, el
choque es aún más fuerte y duradero.
Todas estas cuestiones, suelen ser inevitables. Nadie nace con un manual de cómo
afrontar las situaciones que se van presentando. Es por eso, que, con más
razón, uno tiene que poder apoyarse en sus entornos.
De todos modos, siempre es bueno el ahogarse un poco de vez en cuando. Todo
golpe que se dé uno en el camino de la vida, sirve de aprendizaje y nos deja
una enseñanza. Para la próxima vez, que nos vayamos a meter en un océano de
obnibulencia, vamos a saber de anticipo, que necesitamos tener a mano el traje
de buceo.
lunes, 19 de junio de 2017
jueves, 8 de junio de 2017
La suerte y el azar
La
suerte es definida por la Real Academia Española con varias acepciones.
Eligiendo la que a mi juzgar subjetivo y oportuno para el desarrollo de este
escrito, podría decir que la suerte es “El encadenamiento de los sucesos, considerado
como fortuito o casual, circunstancia de ser, por mera fortuna, favorable o
adverso a alguien o algo lo que ocurre o sucede”. La inclusión de esta palabra
y el lugar que se le da en la vida cotidiana a todas estas cuestiones azarosas
hace parecer que aquellos que no crean en la suerte son personas escépticas que
no coinciden en cuestiones de creencia del inconsciente colectivo.
Yo creo que la suerte siempre juega un rol en la vida de todos los sujetos, lo que sí, el porcentaje que realmente ocupa en todas las acciones que vamos a realizar suele ser muy bajo. Tal vez podríamos reflejarlos con un 10%. Especialmente para cuestiones donde uno, por más preparado, confiado y seguro que este, se le presenten imponderantes no previstos, donde la preparación previa no sirve de mucho. Se recurre a la improvisación y el acomodo en aquellas cuestiones de sucesos librados al azar. La suerte existe, pero no por eso uno va a dejar todo al azar y sentarse a esperar que por cuestiones de pura fortuna se nos den todas las cosas que uno tiene imaginado para su vida.
En el abanico de personas, desde el mas incrédulo hasta el más cabulero, afrontaran a lo largo de su vida eventualidades de todo tipo, donde según sea su manera de afrontar la vida, el porcentaje que destinaran a la “creencia” de una suerte latente será menor o mayor. Sin embargo, como todo en nuestro proceder, no es aconsejable moverse únicamente en extremos. Hay que buscar el punto medio. Aquel que nos acerque lo más posible a la prudencia, factor fundamental para todos los acontecimientos que tenemos por delante. El ser prudente no nos sentenciará el tener suerte o no, tampoco nos dará una especie de habilidad para resolver cuestiones azarosas a nuestro propio gusto. Pero nos dará una gran herramienta para manejarnos mejor en la realidad.
La suerte existe. Hay gente que tiene MUCHA, como hay gente que no la tiene para nada. El no tener suerte no quiere decir que se tenga “mala suerte”, como el tener suerte seguido, no representa que se tiene “buena suerte”. Estamos muy acostumbrados para todas las palabras y asuntos cotidianos darles una connotación positiva o negativa. De alguna manera estigmatizando todo a través de si es bueno o malo, positivo o negativo, como si no existiera concepción alguna de otro termino medio. De esta manera podría decirse que la denominación perfecta para alguien que no suele encontrarse muy seguido con hechos de azar a su favor, sería que tiene “ausencia de suerte”. Pero está claro que el expresarse con un término como el de “pero que ausencia de suerte que tengo” no será justamente el elegido para aquella persona en cuestión. La manera correcta para no sentenciar de manera infame a alguien según su “buena o mala” suerte (evitando así el condenar a alguien con el adjetivo calificativo de “mufa”, “piedra”, etc) sería el utilizar palabras que hablen de cantidad (como lo son “mucho o poco”) sin dar un número preciso.
Nadie puede manejar la suerte, sino todo el mundo ganaría la lotería, así como dejarían de existir los casinos y todas esas entidades donde se ponen permanente en juego hechos del azar. Nada nos asegurara tener más o menos suerte, en especial en controversias con respecto a la superstición. El que se cruce un gato negro por al frente nuestro, o el hecho de cruzar caminando por debajo de una escalera, no nos dictamina que tanta suerte o no, vamos a tener en nuestra cotidianeidad. Habría que “apostar” a ser más prudente y despojarse de aquellos imponderantes que, al fin y al cabo, no vamos a poder manejar. Total, la suerte es algo que va y viene.
Yo creo que la suerte siempre juega un rol en la vida de todos los sujetos, lo que sí, el porcentaje que realmente ocupa en todas las acciones que vamos a realizar suele ser muy bajo. Tal vez podríamos reflejarlos con un 10%. Especialmente para cuestiones donde uno, por más preparado, confiado y seguro que este, se le presenten imponderantes no previstos, donde la preparación previa no sirve de mucho. Se recurre a la improvisación y el acomodo en aquellas cuestiones de sucesos librados al azar. La suerte existe, pero no por eso uno va a dejar todo al azar y sentarse a esperar que por cuestiones de pura fortuna se nos den todas las cosas que uno tiene imaginado para su vida.
En el abanico de personas, desde el mas incrédulo hasta el más cabulero, afrontaran a lo largo de su vida eventualidades de todo tipo, donde según sea su manera de afrontar la vida, el porcentaje que destinaran a la “creencia” de una suerte latente será menor o mayor. Sin embargo, como todo en nuestro proceder, no es aconsejable moverse únicamente en extremos. Hay que buscar el punto medio. Aquel que nos acerque lo más posible a la prudencia, factor fundamental para todos los acontecimientos que tenemos por delante. El ser prudente no nos sentenciará el tener suerte o no, tampoco nos dará una especie de habilidad para resolver cuestiones azarosas a nuestro propio gusto. Pero nos dará una gran herramienta para manejarnos mejor en la realidad.
La suerte existe. Hay gente que tiene MUCHA, como hay gente que no la tiene para nada. El no tener suerte no quiere decir que se tenga “mala suerte”, como el tener suerte seguido, no representa que se tiene “buena suerte”. Estamos muy acostumbrados para todas las palabras y asuntos cotidianos darles una connotación positiva o negativa. De alguna manera estigmatizando todo a través de si es bueno o malo, positivo o negativo, como si no existiera concepción alguna de otro termino medio. De esta manera podría decirse que la denominación perfecta para alguien que no suele encontrarse muy seguido con hechos de azar a su favor, sería que tiene “ausencia de suerte”. Pero está claro que el expresarse con un término como el de “pero que ausencia de suerte que tengo” no será justamente el elegido para aquella persona en cuestión. La manera correcta para no sentenciar de manera infame a alguien según su “buena o mala” suerte (evitando así el condenar a alguien con el adjetivo calificativo de “mufa”, “piedra”, etc) sería el utilizar palabras que hablen de cantidad (como lo son “mucho o poco”) sin dar un número preciso.
Nadie puede manejar la suerte, sino todo el mundo ganaría la lotería, así como dejarían de existir los casinos y todas esas entidades donde se ponen permanente en juego hechos del azar. Nada nos asegurara tener más o menos suerte, en especial en controversias con respecto a la superstición. El que se cruce un gato negro por al frente nuestro, o el hecho de cruzar caminando por debajo de una escalera, no nos dictamina que tanta suerte o no, vamos a tener en nuestra cotidianeidad. Habría que “apostar” a ser más prudente y despojarse de aquellos imponderantes que, al fin y al cabo, no vamos a poder manejar. Total, la suerte es algo que va y viene.
miércoles, 7 de junio de 2017
Rutinas
En la vida y su desarrollo, los seres humanos demostramos tener sugestiva inclinación por la dependencia a la rutina.
El famoso "cambio" del estado de vida lleva a uno, a modificar el estado rutinario, y al reemplazarse este, suele representar un cimbranazo, y claramente, el posterior acomodamiento es complicado. SIEMPRE.
El cambiar en cualquier circunstancia o ámbito, ya sea, en el trabajo, de ciudad, grupo de amigos, amor, etc, SIEMPRE presenta una dificultad no planeada.
De cualquier imponderable que se trate, sea mas doloroso, o más complicado de afrontar, nos suele presentar una sensación de inconfundible incógnita. Ese famoso cambio a la costumbre nos hace ruido. Mas que ruido, un gran estruendo.
Así es, la rutina de "eso" nos marca casi con fervor los movimientos y conductas que tenemos que llevar.
Uno en la rutina tiende, siempre, cuando se presente un cambio, el recordar el pasado. Ese famoso fantasma rutinario.
Esa sensación, de recuerdo, que tiende a una lógica vivida,por mas que esta muchas veces carezca de sentido. Esto no es algo inconexo o equivocado.Suele responder a la costumbre. La cuestión importante, pasa por que hay que evitar pensar que el cambio siempre es malo. Hay que asumir que el cambio no siempre trae consigo vilicitudes negativas. Nosotros como hombres racionales y acostumbrados a lo rutinario, nos hace ruido romper con ese trajín y conducta que veníamos trayendo. Por este motivo, es que ESPECIALMENTE, el hecho de pensar un cambio, nos lleva a realizar un análisis. Se nos cruzan en la mente muchos interrogantes con mezclas profundas de sensaciones. Se nos intercambian sentimientos de felicidad, bondad, amor, con los de tristeza, incertidumbre e intemperie de ideas.
En nuestra mente se presentan imágenes de "lo que fue", normalmente derivado de una rutina, que suelen ser muchos mas fuertes de lo racional que podemos ser.
En la vida se nos presentan todo el tiempo decisiones. Lo importante de ellas, es estar decididos intrínsecamente en un todo, y no caer en la trampa de la costumbre. No por que esta sea mala, sino por que la rutina de la costumbre, suele SIEMPRE ser la opción mas facil. El análisis debe abarcar todo lo transcurrido. Lo bueno, lo malo, lo grato y lo ingrato. No idealizar eso " que ya paso". Muchas veces en la vida uno se topa con grandes decisiones que lo van a llevar a cambiar la rutina. En reiteradas ocasiones uno se enceguece en no tomar la decisión de cambiar, aun cuando no se esta bien del todo ¿porque? Por que todos somos seres rutinarios, acostumbrados a patrones que nos hacen sentir cómodos y felices.
El gran acostumbramiento. El no querer salir de ese lugar, por que si nos vamos de allí, pensamos que sucederá algo malo, algo distinto, aunque esto muchas veces no sea así.
En este punto es importante hacer la diferencia con aquellos fundamentalistas del cotillón* (que se agarran siempre de lo "que esta bien" o cuestiones de moda" o que 'los hace sentir" que están en la 'supuesta onda ") ya que ellos definen cuestiones de manera simplista y tragicomica diciendo " hay que salir de la zona de confort". Discrepando con esta cuestión, trato de manifestar la idea de que, para las personas, la rutina es el lugar donde uno se siente protegido y a veces no deja la claridad necesaria, es decir, no expresa lo que realmente refleja la realidad.
La vorágine con que se desarrolla todo, hace que uno olvide u obvie, ciertas cuestiones que merecen mayor entendimiento y comprensión. Por ello es que , corresponde aprovechar de manera perenne dichas cuestiones para lograr la estabilidad que se este buscando.
Un gran ejemplo en esto de lo "rutinario", es cuando uno termina una relación amorosa. Siempre al separarse, sea cual sea la razón/motivo, uno tiende a recordar " buenos momentos", eso tan "hermoso" que hizo a uno sumergirse en el camino del amor.¿porque? Porque el recuerdo de ese hecho rutinario, nos hace atarnos a pensamientos que no tienen un 100% de veracidad. Siempre , pero siempre, uno apuntara a los recuerdos complacientes de la rutina en cuestión.
Con esto que digo, uno puede pensar que la respuesta o solucion ante la premisa mencionada, seria el tener un pensamiento "pesimista" ante todo hecho En la vida. Pero claramente no es así. El considerar únicamente la respuesta de recordar solo lo malo en nuestro pensamiento, no es una solución viable en estas circunstancias. Lo primordial seria recordar siempre EL TODO. Tanto lo bueno, como lo malo. Es que siempre, al fin y al cabo, por algo es que en estas cuestiones de rutinas, o como se quiera denominar a ciertas características de acostumbramiento de hábitos, se terminaron. Ningún paraíso se arruina porque pasan cosas buenas. Por lo tanto, hay que ser omnipresente de recuerdos y pensamientos. Si uno vence esa barrera invisible de la rutineidad, y tiene en cuenta el panorama completo, SIEMPRE, pero SIEMPRE, le sera mas placentero y fácil el tomar las decisiones , o mejor dicho , no solo tomarlas, sino que también sostener decisiones que rompan con la rutina y la costumbre.
Hay que empapar la subjetividad con pura objetividad. Tirar la ficción por la ventana. Abarajar y dar de nuevo.
El cambio de rutina no es el fin del pensamiento ni de la voluntad o escencia de uno. Porque al fin y al cabo, somos la gran manifestación del pensamiento y la voluntad.
El tiempo es la gran estrella para todos estos imponderantes. El tiempo es el personaje estelar. ¿porque? Porque el tiempo lo soluciona y aclara todo.
Es fundamental en todo esto, el poder aprovechar el tiempo en cuestiones competentes y de importancia para uno.
El tiempo no nos cuesta o recauda plata, sino que nos cobra/saca vida. Por esta razón hay que replantearse constantemente lo que realmente vale la pena. Ahí esta lo importante.
El tiempo no va a venir a percibir nuestra plata, sino que nos cobrara algo mas importante. Nos cobrara vida.
Como conclusión , uno tienen que invertir ese tiempo/vida en lo que nos haga mejor, nos haga sentir plenos e importantes como asi también felices. Aun así, cuando esa decisión nos haga romper con la rutina.
El famoso "cambio" del estado de vida lleva a uno, a modificar el estado rutinario, y al reemplazarse este, suele representar un cimbranazo, y claramente, el posterior acomodamiento es complicado. SIEMPRE.
El cambiar en cualquier circunstancia o ámbito, ya sea, en el trabajo, de ciudad, grupo de amigos, amor, etc, SIEMPRE presenta una dificultad no planeada.
De cualquier imponderable que se trate, sea mas doloroso, o más complicado de afrontar, nos suele presentar una sensación de inconfundible incógnita. Ese famoso cambio a la costumbre nos hace ruido. Mas que ruido, un gran estruendo.
Así es, la rutina de "eso" nos marca casi con fervor los movimientos y conductas que tenemos que llevar.
Uno en la rutina tiende, siempre, cuando se presente un cambio, el recordar el pasado. Ese famoso fantasma rutinario.
Esa sensación, de recuerdo, que tiende a una lógica vivida,por mas que esta muchas veces carezca de sentido. Esto no es algo inconexo o equivocado.Suele responder a la costumbre. La cuestión importante, pasa por que hay que evitar pensar que el cambio siempre es malo. Hay que asumir que el cambio no siempre trae consigo vilicitudes negativas. Nosotros como hombres racionales y acostumbrados a lo rutinario, nos hace ruido romper con ese trajín y conducta que veníamos trayendo. Por este motivo, es que ESPECIALMENTE, el hecho de pensar un cambio, nos lleva a realizar un análisis. Se nos cruzan en la mente muchos interrogantes con mezclas profundas de sensaciones. Se nos intercambian sentimientos de felicidad, bondad, amor, con los de tristeza, incertidumbre e intemperie de ideas.
En nuestra mente se presentan imágenes de "lo que fue", normalmente derivado de una rutina, que suelen ser muchos mas fuertes de lo racional que podemos ser.
En la vida se nos presentan todo el tiempo decisiones. Lo importante de ellas, es estar decididos intrínsecamente en un todo, y no caer en la trampa de la costumbre. No por que esta sea mala, sino por que la rutina de la costumbre, suele SIEMPRE ser la opción mas facil. El análisis debe abarcar todo lo transcurrido. Lo bueno, lo malo, lo grato y lo ingrato. No idealizar eso " que ya paso". Muchas veces en la vida uno se topa con grandes decisiones que lo van a llevar a cambiar la rutina. En reiteradas ocasiones uno se enceguece en no tomar la decisión de cambiar, aun cuando no se esta bien del todo ¿porque? Por que todos somos seres rutinarios, acostumbrados a patrones que nos hacen sentir cómodos y felices.
El gran acostumbramiento. El no querer salir de ese lugar, por que si nos vamos de allí, pensamos que sucederá algo malo, algo distinto, aunque esto muchas veces no sea así.
En este punto es importante hacer la diferencia con aquellos fundamentalistas del cotillón* (que se agarran siempre de lo "que esta bien" o cuestiones de moda" o que 'los hace sentir" que están en la 'supuesta onda ") ya que ellos definen cuestiones de manera simplista y tragicomica diciendo " hay que salir de la zona de confort". Discrepando con esta cuestión, trato de manifestar la idea de que, para las personas, la rutina es el lugar donde uno se siente protegido y a veces no deja la claridad necesaria, es decir, no expresa lo que realmente refleja la realidad.
La vorágine con que se desarrolla todo, hace que uno olvide u obvie, ciertas cuestiones que merecen mayor entendimiento y comprensión. Por ello es que , corresponde aprovechar de manera perenne dichas cuestiones para lograr la estabilidad que se este buscando.
Un gran ejemplo en esto de lo "rutinario", es cuando uno termina una relación amorosa. Siempre al separarse, sea cual sea la razón/motivo, uno tiende a recordar " buenos momentos", eso tan "hermoso" que hizo a uno sumergirse en el camino del amor.¿porque? Porque el recuerdo de ese hecho rutinario, nos hace atarnos a pensamientos que no tienen un 100% de veracidad. Siempre , pero siempre, uno apuntara a los recuerdos complacientes de la rutina en cuestión.
Con esto que digo, uno puede pensar que la respuesta o solucion ante la premisa mencionada, seria el tener un pensamiento "pesimista" ante todo hecho En la vida. Pero claramente no es así. El considerar únicamente la respuesta de recordar solo lo malo en nuestro pensamiento, no es una solución viable en estas circunstancias. Lo primordial seria recordar siempre EL TODO. Tanto lo bueno, como lo malo. Es que siempre, al fin y al cabo, por algo es que en estas cuestiones de rutinas, o como se quiera denominar a ciertas características de acostumbramiento de hábitos, se terminaron. Ningún paraíso se arruina porque pasan cosas buenas. Por lo tanto, hay que ser omnipresente de recuerdos y pensamientos. Si uno vence esa barrera invisible de la rutineidad, y tiene en cuenta el panorama completo, SIEMPRE, pero SIEMPRE, le sera mas placentero y fácil el tomar las decisiones , o mejor dicho , no solo tomarlas, sino que también sostener decisiones que rompan con la rutina y la costumbre.
Hay que empapar la subjetividad con pura objetividad. Tirar la ficción por la ventana. Abarajar y dar de nuevo.
El cambio de rutina no es el fin del pensamiento ni de la voluntad o escencia de uno. Porque al fin y al cabo, somos la gran manifestación del pensamiento y la voluntad.
El tiempo es la gran estrella para todos estos imponderantes. El tiempo es el personaje estelar. ¿porque? Porque el tiempo lo soluciona y aclara todo.
Es fundamental en todo esto, el poder aprovechar el tiempo en cuestiones competentes y de importancia para uno.
El tiempo no nos cuesta o recauda plata, sino que nos cobra/saca vida. Por esta razón hay que replantearse constantemente lo que realmente vale la pena. Ahí esta lo importante.
El tiempo no va a venir a percibir nuestra plata, sino que nos cobrara algo mas importante. Nos cobrara vida.
Como conclusión , uno tienen que invertir ese tiempo/vida en lo que nos haga mejor, nos haga sentir plenos e importantes como asi también felices. Aun así, cuando esa decisión nos haga romper con la rutina.
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