¿Por qué pensamos como pensamos? ¿Qué o quién determina lo que vamos a ser? ¿Hay un
mandato que nos viene dado como “de fábrica” que nos obliga a determinadas cuestiones
inevitables, ya que todo está predeterminado? Si hay algo en que todo el mundo va a coincidir,
es en la incesante búsqueda de respuestas a todo tipo de preguntas que se hacen.
A medida que van pasando los años, uno se sienta a pensar un poco, y comienza a verse
retrospectivamente, haciendo hincapié a cómo eran esas dudas y preguntas que le surgían.
Ya desde pequeños cuando empezamos a chocarnos con la realidad del mundo, preguntando
ante todo un “y porque tal cosa”. Al escuchar la respuesta, volvíamos a repreguntar un “y
porque eso”. El tener incertidumbre es algo totalmente normal y común. Sería algo anormal y
de qué preocuparse, si nunca nos preguntamos por distintas cuestiones que se nos presentan
en el día a día.
Otra cuestión que se tiene de perspectiva es que en todo interrogante que uno se va haciendo,
siempre piensa que a medida que se va madurando y envejeciendo, lograra tener más
respuestas y menos preguntas. No hace falta aclarar que esto no es así.
Es un famoso camino de nunca acabar. Pasan los años, cambian las preguntas y se anhelan
distintas respuestas. Es como si fuera un combustible necesario para el desarrollo de las
personas. Todos nos pasamos la vida haciéndonos preguntas y en la búsqueda de esas replicas.
Son otras cuestiones donde empiezan a surgir las diferencias. Si bien todos nos cuestionamos
cosas, todos buscamos como solución, distintos caminos. Es muy común el encontrar una
disparidad de ideas en todo momento.
Según el desarrollo que vaya uno teniendo en la vida, podrá definir sus ideas de una u otra
manera. No importan fechas de nacimiento, signos, religión, etc. Uno debería poder definir
ideales ajeno a esto.
En todo momento, nos veremos influenciados en nuestros ideales según la gente que nos
rodea y las vivencias que tengamos desde el nacimiento hasta pasada la edad adulta.
Recién enumeraba unas cuestiones sacándoles importancia. La razón de tal motivo es que por
más religión, signo del zodiaco o punto místico que uno quiera hacer referencia, es la vivencia
y las personas que nos rodean en nuestro desarrollo los que irán definiendo con palabras y
hechos gran base de nuestro pensamiento futuro.
Un ejemplo concreto de esto, sería si dos personas nacidas el mismo día, a la misma hora, en el
mismo hospital, pesando lo mismo y con aspecto físico similar, se encuentran con dos familias
totalmente distinta. Uno hijo de una familia con alto poder adquisitivo y otro con un entorno
totalmente carenciado. ¿Cómo les van a explicar a estas personas que su futuro lo define
según como sale la luna o se pongan las estrellas?. ¿Como ignorar en la formación de estos
sujetos las diferencias abismales que van a ir tendiendo?. El destino, como hecho “destinado a
suceder” no existe. Uno hace al destino.
Creería como elemental, sea cual sea el caso de los individuos, el poner en funcionamiento la
elaboración de pensamientos. El poner a funcionar la maquinaria de raciocinio, que nos
ayudara a generar la mejor vía de nuestro futuro.
Si la vida es una ruta que hay que recorrer, tenemos que ponernos nosotros como chofer. Las
variables que surgen de imponderantes que no se pueden manejar, serán cuestiones del
destino (uno nunca podrá controlar hechos aleatorios que excedan a uno, pero si podrá
manejar los motivos de las decisiones a realizar).El volante para tomar los caminos en la ruta
somos nosotros mismos, asi que sujetemos esa responsabilidad de poder diseñar nuestro
trayecto y forjemos de esta manera nuestro rumbo.
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